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Escena extra: la proposición de Cam y Avery

viernes, 18 de diciembre de 2015

Bueno, hoy os traigo una escena extra muy especial.

¿Habéis leído Te esperaré?
o, lo que es lo mismo, 
¿Wait for You?
¿Ya os habéis enamorado de Cam?
♥♥♥
Para mí es un libro muy especial, la saga With You es una saga preciosa, pero Wait for You (Te esperaré) en concreto es un libro que siempre ocupará un lugar único y precioso en mi corazón.

Bueno, pues la escena de hoy tiene que ver con Cam y Avery.
Si no habéis leído el libro a lo mejor no convendría que leyerais la escena, aunque no sé si podría ser un spoiler, dado que esta escena no aparece en ningún libro y es un regalo que nos hizo la autora a los fans.

De cualquier manera, podéis leerla en inglés AQUI

Yo os la traigo traducida. Es super bonita y a mí me emociona mucho cada vez que la leo.
Espero que la disfrutéis mucho.

La escena se llama 
THE PROPOSAL
(La proposición)
♥♥♥ 
*preparaos para suspirar de emoción*


El delicado anillo de compromiso de apariencia de princesa era cálido en mi palma. No pesaba nada, pero mi mano temblaba. Demonios, mi mano temblaba tan fuerte, que solté una carcajada que rugió como un relámpago mientras permanecía en el cuarto de baño de mi infancia.

Nunca había estado tan nervioso antes. Jesús. Debería haber dejado sin stock a la marca de desodorante que usaba. Era una locura.

Todo este tema era una locura. Hace un año no me habría imaginado que estaría a minutos de ponerme sobre una rodilla como esos tipos en esos anuncios de joyerías tan cursis. Nunca pensé que sería yo, pero el nudo en mi garganta del tamaño de una pelota de fútbol y la energía nerviosa era en parte excitación, en parte temor porque ella siempre podía decir no.


Y eso sería como los siete círculos del infierno de incómodo con mi familia al completo abajo. ¿Cuántos círculos tenía el infierno? Espera. Maldita sea. ¿Por qué estaba pensando en eso ahora? Llevando mi mirada al espejo que había encima del lavabo, parecía estar a segundos de saltar por un precipicio. ¿Pensaría ella que era demasiado pronto? Sabía que me quería. No tenía ninguna duda. Y no había mujer en este mundo que yo quisiera más que a ella. Ahí. Lo sentía. El salto de mi corazón. La sacudida en mis entrañas.

Lo sentía muy dentro en cuanto a lo que se refería a ella. Siempre había sido así. Y nunca iba a cambiar. Ella era y siempre sería mi TODO. Esto era lo correcto. Sólo deseaba poder darle mucho más a ella. Una cena romántica. A lo mejor uno de esos flash mobs.

Aunque, realmente probablemente se escondería debajo de una mesa si hubiera un flash mob. Estaba poniendo de nuevo el anillo en su cajita de terciopelo, pero pensándolo mejor, dije ¿Qué demonios? y dejé la caja a un lado, deslizando el anillo en el bolsillo de mis vaqueros. Después me intenté poner presentable. Me lavé la cara, los dientes y me pasé los dedos por el pelo. Fui a coger el hilo dental y me di cuenta de que estaba posponiéndolo como un hijo de p...Le había dicho que estaría fuera unos minutos. Ya habían pasado quince. Bueno. Más bien veinte. Era como caer en un agujero negro.

Necesitaba bajar antes de que alguien mandara a una partida de búsqueda. Eso era lo último que necesitaba. Tenía los nervios de punta. Mi corazón latía con fuerza, más alto que el sonido de las pisadas de mis botas mientras bajaba por el pasillo. Parándome en la parte superior de las escaleras, cerré los ojos. Cálmate. Esa iba a ser la única gran pregunta que haría en mi vida a alguien. Sí, ese pensamiento tampoco ayudaba. Sólo necesitaba dejar de pensar. También necesitaba bajar aquellos escalones. Una magdalena tampoco estaría mal en ese momento. Tal vez una galleta. Bueno. También necesitaba dejar de pensar en comida. Esos escalones fueron los más cortos que había andado en mi vida. En segundos, estaba en el recibidor, de pie como un idiota con la mano apretando el bolsillo de mis vaqueros. Tenía la boca seca. Puede que estuviera teniendo un ataque al corazón. Todo estaba bien. Una risa flotó desde la sala de estar. Alguien gritó algo sobre pelotas. ¿Mi padre? Probablemente. Qué apropiado.

Necesitaba encontrar las mías. No era como si mi familia y mi mejor amigo no supieran que tenía planeado esto. Sólo que no tenían ni idea de que pasaría esa noche. En Navidad. Lo cual había que admitir que era un poco cursi. Eso es lo que el amor conseguía. Convertirme en una pelota cursi. Si empezaba a llorar probablemente me acabaría golpeando a mí mismo en la garganta. Era hora de poner los pies en movimiento. Ahora o nunca. Hacerlo o morir. Blah, blah. Mis pies se movían como si estuvieran enterrados profundamente en arena mojada. Las luces brillantes del enorme Árbol de Navidad me guiaron. Mis padres se volvían un poco locos con la Navidad. Era como si la Navidad hubiera vomitado en la casa. Puede que acabase vomitando. Eso sería muy romántico. Muy sexy. Me paré justo debajo del umbral de la sala de estar, mis ojos encontrándola inmediatamente y ahí estaba de nuevo. El golpe en el pecho. La debilidad en las malditas rodillas.

No dije una palabra, pero ella se dio la vuelta desde donde estaba sentada al lado de mi hermana, como si estuviéramos conectados y ella supiera que yo estaba ahí. Nuestras miradas se encontraron. Y en ese momento, cuando sus labios se curvaron en las comisuras, no oía nada. Sólo la veía a ella. Y era la cosa más bonita que había visto jamás. Sería el hijo de puta más afortunado si pudiera pasar el resto de mi vida con ella. Sólo con ella.

"¿Estás sujetando la puerta, hijo?" dijo mi padre. Contuve un gruñido. Qué manera de matar el ambiente. Pero yo...Yo no podía quitarle los ojos de encima. Mi madre se levantó del brazo de la silla de mi padre.

"¿Estás bien, cielo?"

"Si..." respondí, mi voz ronca. "Nunca he estado mejor" Y esa era la maldita verdad. Con los ojos enfocados en ella, caminé sobre las largas piernas de mi amigo. Él dijo algo. No tengo ni idea de qué. Probablemente algo que me haría querer pegarle después, porque escuché reír a mi hermana. Pero mi atención estaba en ella, en esos ojos hermosos. Su sonrisa se ensanchó, arrugando su nariz. Sabía exactamente cuántas pecas tenía en el puente de su nariz. Ocho y media. Y tenía algunas más en lugares muy interesantes. Lugares en los que no debería pensar en ese momento. Respirando profundamente, lo hice. Maldita sea, lo hice.

Hinqué la rodilla delante de ella. Como un campeón. Y mientras miraba esos cálidos ojos marrones, mi hermana chilló algo y se levantó de un salto del sofá como si tuviera muelles. El momento en que ella se dio cuenta de lo que estaba haciendo, antes de que buscara en mi bolsillo, estaría conmigo el resto de mi vida. Ella se echó hacia atrás con los ojos muy abiertos, que se tornaron cristalinos. Sus labios se movieron, diciendo silenciosamente mi nombre. Y eso - ese movimiento de sus labios, me atrapó. Me había convertido en una tarjeta de Hallmark, pero no me arrepentía. El silencio cayó en la habitación. Incluso mi padre estaba callado. Por una vez. Y el nudo de mi garganta se expandió, así que cuando hablé, mi voz sonó áspera.

"Tenía planeado hacer esto hace unos meses" le dije, sintiendo cómo corazón quería salirse del pecho "Pasaron ciertas cosas y pensé que debería planear algo grande, pero no puedo esperar más. No quiero hacerlo" Tuve que aclararme la garganta "No tengo un gran discurso, pero tú sabes que te quiero, ¿verdad? Sabes que estoy enamorado de ti" Ella puso las yemas de sus dedos sobre sus labios, mientras asentía y pestañeaba rápidamente. Sí, lo sabía "Y siempre voy a estar enamorado de ti" me quedé sin voz "El día en que me atropellaste en aquél pasillo fue el día más afortunado de mi vida"

"Oh Dios" susurró.

"Por lo que espero que hoy conviertas éste en el segundo día más afortunado de mi vida, diciendo que sí."
<<Joder>> murmuró mi padre, y escuché cómo mi madre le mandaba callar.

"Papá" lloriqueó mi hermana "¿En serio?"

Riéndome, busqué en mi bolsillo, encontrando el anillo y sacándolo. Cogí su mano izquierda y la separé de su boca. Besé primero su mano y después alcé la mirada, encontrando la suya una vez más. Su mano temblaba tanto como la mía y tenía los ojos llenos de lágrimas. No pude moverme ni hablar por un momento. Congelado en el momento. Y después encontré mi voz "Avery Morgansten, ¿Me harías el tío más afortunado al convertirte en mi esposa?"

"Sí" dijo, asintiendo y antes de que pudiera ponerle el anillo en el dedo, saltó hacia delante, enredando sus brazos en mi cuello y caí hacia atrás, abrazándola, perdí el equilibrio y acabé cayendo sobre mi trasero con ella colgando de mí. La parte superior de su cabeza roja estaba enterrada en mi pecho. Alguien en la habitación gritó y aplaudió. Pude escuchar a mi madre llorando. Busqué a nuestro lado, alzando su mejilla "Pastelillo..." mi voz temblaba y no me importó.

"¿Vas a dejar que te ponga el anillo?"

Avery mitad se rió, mitad hipó mientras se echaba hacia atrás, limpiándose las mejillas con la palma de su mano.

"Sí. Lo siento" Extendió su brazo izquierdo, empujando su mano hacia mí y me reí. Sí, mi vista se estaba nublando. Le puse el anillo. Le quedaba perfecto. Ella puso sus manos sobre mis mejillas y se echó hacia delante, posando su frente sobre la mía "Te quiero, Cam. Te quiero muchísimo" Mis ojos se cerraron y la sostuve con fuerza. Tan fuerte que pude sentir su corazón latiendo tan rápido como el mío.

Esperar a Avery ha sido lo mejor que he hecho en jamás y ahora viviríamos el resto de nuestras vidas juntos.



Traducción: Bella Carstairs
Fuente: Jennifer L. Armentrout 

Capítulo uno de Mestiza desde el punto de vista de Aiden

lunes, 14 de diciembre de 2015

Hoy os traigo otro extra de otra saga.

En este caso se trata del capítulo uno de Mestiza pero desde el punto de vista de 
Aiden
♥♥♥

Puedes leerlo en inglés AQUI

Espero que lo disfrutéis.

El primer cuerpo que encontramos en la estación de autobuses de Atlanda tenía al menos 100 de los 208 huesos de su cuerpo rotos. El chico no podría haber sido mucho más mayor que mi hermano y eso me enfermaba. Una vida más desperdiciada, ¿y por qué? Los mortales no tiene éter. Se trataba sólo de diversión – de la emoción de matar. Arrodillándome al lado del cuerpo del chico de la calle, miré hacia arriba, ala corpulenta forma que se reflejaba en la luz plateada de la luna. El tipo estaba cuadrado como una apisonadora. “¿Has encontrado más cuerpos, Leon?”

El centinela puro agitó la cabeza, sus ojos estrechándose “No”

Leon era hombre de pocas palabras, pero estaba acostumbrado a ello.  Volviendo al cuerpo, sabía lo que tenía que hacer. Lo odiaba con cada fibra de mi ser, pero esto era un auténtico caos. Los centinelas no sólo cazaban daimons.

Limpiaban después de hacerlo.

En la distancia, un rayo cayó y el último resto de la tormenta de primavera se presentó. Apretando la mandíbula, puse mi mano en el brazo del chico y dejé que uno de los más poderosos elementos limpiara lo que habían sido los últimos y más horribles momentos de su vida. Las chispas volaron de las yemas de mis dedos, alimentadas por los mismos dioses, y viajaron por el brazo sin vida. En pocos segundos, el fuego antinatural consumió el cuerpo. No quedó nada más que cenizas. Como si el chico jamás hubiera existido. Y no pude evitar preguntarme si tendría padres a los que notificar su pérdida, como si importara.

Y pensé en Deacon de nuevo.

“Hey, Aiden, mira lo que he encontrado” Me llamó Kain, excitado.

Levantándome, me limpié las manos y me di la vuelta. Kain estaba sonriendo. Dioses, Kain siempre estaba sonriendo. Podía estar enfrentándose a una horda de daimons y estar sonriendo.

“¿Qué?” preguntó Leon, cruzando los brazos sobre el pecho.

Kain movió un trozo de papel “Un ticket de autobús a Nashville y además hay dinero por ahí”
Leon hizo un sonido exasperado con la garganta “Esto es una estación de autobuses, Kain. Habrá tickets tirados alrededor”

“Si, gracias por el apunte.” Kain puso los ojos en blanco “Este ticket era de Miami a Nashville, con parada en Atlanta”

“Ella ha estado aquí” dijo Leon en una voz baja y grave.

Un ticket. Dinero perdido. Mortales sin vida y daimons. Definitivamente ella había estado aquí.
“Mierda” Kain guardó el ticket y tiró el dinero para que alguien lo encontrara “Vosotros, tíos, deberíais haberme escuchado en Florida. Tendríamos que haber buscado en las estaciones de autobuses y no en los aeropuertos”

“Eso no ayuda ahora mismo” Bajé por el callejón, buscando algo – lo que fuera que nos pusiera en la dirección correcta. Necesitaba volver al Covenant. Sólo los dioses sabrían qué andaría haciendo Deacon.

“Lo único que estoy diciendo es que---“

“Cierra el pico, Kain” advirtió Leon. Era alucinante que aún no hubiera matado a Kain.
Kain se calló.

Con una triste sonrisa, me moví hacia el extremo del callejón. Había un campo y unos bosques separando la parada de cambiones de un parque industrial. Sentí a Leon moverse detrás de mí y me giré un poco “¿Crees que hemos llegado tarde?” pregunté.

Él miró hacia delante, la mirada distante “No lo creo. Ella ha conseguido llegar hasta aquí después de…”

Después de lo que habíamos visto y averiguado en Miami, la chica podría haber sido totalmente capaz de seguir adelante. Pero había daimons aquí. Habían matado. No pintaba bien. Podía ser una mestiza – una mestiza con buenas conexiones – pero la idea de que muriese sola me atravesaba. La injusticia de todo ello no estaba bien.

“Mira” dijo Leon “Alguien ha estado en este campo, corriendo. Mira cómo ha sido pisoteado”
Tenía razón. Los tres empezamos a andar hacia delante, siguiendo el pisoteado césped del campo hasta que llegamos al bosque. No fue fácil desde ahí. Nos separamos, cada uno yendo en una dirección diferente. Yo me dirigí por el centro, observando las azoteas de los edificios en la distancia. Un nuevo rayo partió el cielo y el trueno que le siguió me agitó los huesos.

Había dado unos cuantos pasos cuando escuché a Leon llamándonos. Siguiendo su voz, le encontré junto a los restos carbonizados de otro mortal. Estaba fresco. “¿Daimon?”

Asintió. “No sé qué otra cosa podría quemar un mortal de esta manera y no quemar el bosque entero”
“Ella tiene que estar por aquí cerca en algún lugar” Viva…o muerta, pero de cualquier manera, la encontraríamos. La traeríamos de vuelta como se nos había ordenado por el mismísimo Ministro en persona. Miré de nuevo a los edificios, y una extraña sensación me recorrió la columna “Echémosles un vistazo”

Enviamos a Kain al Hummer con los otros con órdenes de encontrarse con nosotros en el parque, y Leon y yo seguimos adelante. No nos llevó mucho tiempo atravesar los bosques y pisar en silencio la carretera agrietada. Kain aparcó en el borde del complejo, uniéndose a nosotros mientras nos movíamos entre los edificios.

“Ok, tengo que preguntarlo” Kain sacó un cuchillo de titanio “¿Por qué los daimons crearían tantos problemas por una mestiza?”

Leon exhaló con fuerza.

“No me malinterpretéis. Siendo mestizo y todo, me gusta pensar que soy importante, pero ¿para un daimon? Ni de coña. Hay algo raro en todo esto”

A pesar de que odiaba admitirlo, porque cuando Kain tenía razón nunca tenía fin, él tenía un punto. A los daimons no les importan los mestizos. No hay suficiente éter en ellos. “Lo sé” dije finalmente.
“Quiero decir, qué es lo que pasa que no—“

Me paré, escuchando el sonido del metal chirriando. Alzando una mano, silencié a Kain mientras me daba la vuelta hacia el edificio que teníamos enfrente. Dirigiéndome hacia él, saqué mi cuchillo y eché a andar hacia delante.

Una de las puertas oxidadas había sido forzada. La anticipación y la adrenalina me arrollaron de inmediato. Era aquí. Lo sabía en mis huesos. Después de meses de andar cerca, éste iba a ser el final de una forma o de otra. Moviéndome en silencio, abrí la puerta y dejé que mis ojos se ajustaran a la oscuridad de la abandonada fábrica.

Había bancos despedazados y vigas rotas por todos lados. El lugar olía a basura y putrefacción. El corazón me latía deprisa ahora, y caminé alrededor de las mesas de trabajo olvidadas.

Entonces lo escuché – La escuché.

“Blah. Blah. Me vas a matar. Blah. Lo sé”

Una sonrisa reacia de sorpresa empujaba mis labios. De todo lo que había escuchado sobre Alexandria Andros, tenía que ser ella. Parte de mí sentía como si la tendría que haber conocido cuando el Ministro me soltó las órdenes, pero los recuerdos pasados de quién debería haber sido eran distantes e inalcanzables.

El grito del daimon cortó el aire y entonces el tipo gritó a la mujer que parase. El sonido de los pies corriendo me puso en acción. Me lancé hacia delante,  buscando el hueco en la pared. Sin saber cuántos daimons la tendrían acorralada, necesitaba una distracción.

Alcé la mano y solté una respiración breve. Una ola de fuego corrió por el suelo, quemando todo a su paso. Hubo un grito repentino en el otro lado. Colocando el cuchillo en mi mano, caminé a través del fuego, sin que me afectase el calor.

En ese instante la vi. Parecía tan pequeña allí, agarrando… una pala de jardín en su pequeña mano? A través del lío de sus cabellos revueltos, nuestras miradas se encontraron. Un parpadeo de familiaridad me atravesó.

La mujer detrás de ella parecía como cualquier puro para mí, pero no iba a arriesgarme. La había encontrado. “Abajo”

Gracias a los dioses, se tiró al suelo antes de que yo lanzara otro torrente de fuego elemental. Golpeó al daimon, y ella cayó gritando y girándose. Mis sentidos me decían que había más, al menos dos más.

Bajando la mano, escuché el sonido de las llamas desvaneciéndose. Leon y Kain aparecieron. Con su afilada y a veces extraña habilidad para perseguir daimons, Leon captó al otro daimon y desapareció. Kain fue a por la mujer daimon que estaba en el suelo y le atravesó el pecho con el cuchillo.

Por el rabillo del ojo, vi a Alexandria intentando ponerse en pie. La irritación llameó. Necesitaba estar sentada, fuera del camino hasta que supiéramos cuántos daimons había. Me di la vuelta durante un segundo – un maldito segundo – y la escuché aullar.

Corriendo hacia ella, el rubio la tenía atrapada, sujetándola por el pelo. En un breve segundo, el horror me atravesó como una cobra enfurecida. Alexandria gritó – el sonido me devolvió varios años atrás. Había escuchado ese chillido, ese doloroso sonido, tantas veces desde la primera vez que lo presencié. Mi estómago se revolvió.

El daimon alzó su boca ensangrentada “¿Qué eres?”

Lanzándome hacia delante, cogí al daimon por la garganta y la aparté de ella. Golpeó el suelo, rodando sobre sus pies. Sonriendo, di una vuelta y le golpeé con mi bota en el estómago. Entonces me tiré, derribando sus piernas. Le debería haber matado entonces. Tendría que haber terminado pronto.

Con misericordia.

Pero la había mordido.

Y eso bien se merecía una revancha. Sin misericordia.
 El daimon saltó sobre sus pies justo cuando le agarraba de la garganta, lanzándole contra la pared más cercana. Los huesos crujieron. No me inmuté. Ni siquiera cuando le volví a golpear…o cuando finalmente le atravesé con el cuchillo. El daimon colapsó. Me di la vuelta antes de que se hubiera ido del todo, mi mirada yendo directamente a la chica.

Estaba en el suelo, hecha una bola, haciendo sonidos que me dieron punzadas en el pecho. Nunca he sido mordido antes, pero he escuchado que Hades no tiene nada que ver con el dolor. Dejando a un lado los cuchillos, fui hacia ella.

Con cuidado, me acerqué a ella y la puse sobre su espalda. Sus manos cubrían el espacio entre su cuello y su hombro. Necesitando ver el daño, aparté sus manos. No pintaba tan mal. Ninguna arteria o grandes pedazos de piel perdidos. Pero no hablaba. Simplemente me miraba a través de los mechones de su pelo, sus ojos muy abiertos y destacando contra su piel pálida y sus mejillas sucias.
Era ella.

“¿Estás bien? ¿Alexandria? Por favor, di algo”

“Alex” se atragantó “Todo el mundo me llama Alex”

Solté una breve risa de alivio “Ok. Bien. Alex, ¿te puedes levantar?

Ella asintió. Cada pocos segundos un estremecimiento la recorría, pero se mantuvo firme. La chica era fuerte “Eso realmente…parecía realmente malo”

Rodeándola la cintura con un brazo, la puse sobre sus pies.  Se meció mientras le apartaba el pelo para volver a ver el mordisco, sólo para estar seguro “Dale unos pocos minutos. El dolor desaparecerá”

Leon volvió, junto con Kain. Sus ojos se fijaron en la chica y tuve el repentino impulso de protegerla. Los Puros no eran conocidos por su amabilidad hacia los mestizos. Un hecho que odiaba de los de mi propia clase. No sabía si Leon opinaba lo mismo “Esos deberían ser todos” dijo.

Asentí “Alex, tenemos que irnos. Ahora. Volver al Covenant”

Volvió a mirarme, pero no me veía mientras se echaba hacia atrás, los finos brazos temblando. Como un animal atrapado que no ve ninguna salida. En un breve segundo, supe que ella iba a hacer algo impulsivo, algo sin pensar y producto del miedo. Sólo esperaba que fuera yo quien fuera tras ella, y no Leon. Yo no la haría daño, pero si ella atacaba a otro Puro, esto habría sido para nada.

Di un pequeño paso hacia ella, alzando las manos en lo que esperaba que fuera recibido como un gesto inofensivo.

Se estremeció, como un pedazo de cristal demasiado fino.

Di otro paso hacia ella y ella se lanzó hacia mi en un lío de patadas y manos engarfiadas. Tenía cierto talento – algún resto del entrenamiento, pero sus movimientos eran erráticos debidos al miedo y al agotamiento.

Cogiendo una de sus manos, giré y sostuve sus manos a sus lados. Ella se lanzó hacia delante, intentando golpearme.  Ninguna acción queda sin castigo…me moví fuera de su alcance “No” la advertí, hablándola directamente a su oído “No quiero hacerte daño”

Su respiración era áspera, rota mientras intentaba luchar como si nosotros fuéramos los malos. La oleada de maldiciones que soltó fue realmente impresionante y hubiera sido entretenida si no hubieran estado dirigidas hacia mí.

“¡Whoa!” gritó Kain desde un lado “Alex, ¡nos conoces! ¿No te acuerdas de mí? No vamos a hacerte daño”

“Cierra el pico” gritó ella, recurriendo a sus últimas fuerzas, rompiendo mi agarre únicamente porque no la había sostenido con fuerza para no hacerle daño.

Alex eludió a Leon y Kain, quienes permanecieron ahí, alucinados y en shock. Su largo cabello volaba detrás de ella mientras tomaba velocidad, buscando la salida.

Kain sonrió con superioridad “Bueno, esto no me lo esperaba”

Suspiré “Yo la cogeré”

“Asegúrate de no romperla o algo” dijo Leon “Dudo mucho que su padrastro lo apreciase”

Sí. Sí. Fui tras ella, sabiendo que no llegaría a ningún lado. No ahora. Rodeando el lateral del edificio, la vi bajo la luz de la luna, pateando el campo. La chica podía correr cuando quería. ¿Así había conseguido seguir viva? ¿corriendo? Era triste.

Alcanzándola, la rodeé la cintura con los brazos y tiré, girándome para tomar yo el impacto contra el césped. Durante un instante, ella estuvo sobre mí, alucinada y en silencio, pero si los últimos momentos con ella me habían enseñado algo, es que eso no duraría. Alzando las caderas, rodé y la puse debajo de mí, sujetándola hacia abajo.

“¿Ahora?” gritó, su voz rompiéndose “¿Dónde estabais hace una semana? ¿Dónde estaba el Covenant cuando mi madre fue asesinada? ¿Dónde estabas tú?”

Me eché hacia atrás, más afectado por esas palabras de lo que ella podía saber “Lo siento. Nosotros no—“

Ella explotó como una bomba atómica. Gritando. Pegando. Arañando. Alguien iba a acabar herido y no iba a ser yo. Y la última cosa que quería era herir a alguien que obviamente había pasado por mucho, había visto demasiado. Dejé que mi peso la aplastara, dejándola inmóvil.

Y finalmente, Alex paró de luchar. Creo que paró de respirar. O a lo mejor era yo, ya que podía sentir cada parte de ella. Suave donde yo era duro, con curvas donde yo era líneas duras. La miré, compartiendo el mismo aire, nuestros labios a tan sólo unos centímetros.

En sus ojos había una tormenta de emociones. La mirada era demoledora, profunda. Sus suaves ojos marrones se agitaban en una batalla de miedo, ira…y algo más. Casi no lo vi, pero sus labios se abrieron maleables en una exhalación.

Suficientemente extraño, me encontré queriendo saber cómo sería ella bajo toda aquella suciedad. Cómo sonaba cuando no estaba maldiciendo o gritándome. Cómo se movía cuando sus acciones no eran fruto del instinto o el miedo.

Y toda esa curiosidad era realmente inapropiada, estaba mal.

Era una mestiza.

Bajé la cabeza y ella inhaló tan fuerte, que su pecho se apretó contra el mío. Un sentimiento primitivo me atravesó, realmente difícil de ignorar y de apartar cuando ella me miraba de aquella forma. Como si no se fuera a oponer en el caso de que yo quisiera hacer algo, cualquier locura.

Esto era una locura.

Puse mi mano sobre su frente, la culpa me mordió con su pequeña y afilada dentadura. Tenía que hacerlo. Si no lo hacía, ella acabaría haciéndose daño. Encontrando su mirada, solté un golpe mental bestial con mis siguientes palabras “Duérmete. Ahora. Ve a dormir y no te despiertes hasta que te sientas a salvo. Ahora”

Alex se puso rígida y después todo su cuerpo se quedó laxo, flácido y sumiso. Tuve la impresión de que éste sería uno de los pocos momentos en los que ella estaría así. El remordimiento por usar una compulsión sobre ella me partió en dos mientras la tomaba en brazos y me levantaba.

Había acabado. Al menos, debería. Habíamos hecho lo que nos habían ordenado. Habíamos encontrado a Alexandria Andros y aun así, en lo más profundo, sabía que esto sólo era el principio.
 
A Alex le gustaba acurrucarse. Quedó bien claro desde el momento en que la dejé en la parte de atrás del Hummer y me subí con ella. No pasó un minuto antes de que se acercara, poniendo su cabeza sobre mi hombro. No podía ser una postura cómoda, y quería mover el brazo para darle más espacio, pero eso no habría acabado bien. El hecho de que ella estuviera utilizando mi hombro como almohada ya era bastante malo.

Debería haberla apartado, pero no podía. Cada pocos minutos, ella hacía esos pequeños sonidos, como un suave quejido o gemido. La miraba, pero sólo podía ver la punta de su nariz a través de su cabello. Me preguntaba qué estaría soñando.

Alcé la mirada y encontré a Leon mirándome a través del espejo retrovisor. Alzó las cejas “Los ojos en la carretera” gruñí.

Leon resopló.

Kain no había dicho una sola palabra desde que aparecí con Alex en mis brazos. Estaba incómodo por la compulsión. No le podía culpar. Las compulsiones era un tema delicado para los mestizos.
Acercándose más, Alex suspiró con fuerza, devolviendo mi atención hacia ella. En el momento en que se despertó y se dio cuenta de lo que estaba haciendo, me preparé.

Alex se echó hacia atrás rápidamente, golpeándose la cabeza con la ventana “¡Mierda!”

Avergonzado, me giré hacia ella “¿Estás bien?” no me respondió durante varios minutos “Alex, ¿estás bien?”

“Sí, estoy bien” frunció el ceño mientras miraba alrededor en el Hummer “¿Dónde estamos?”

“Estamos en la costa, justo en las afueras de Bald Head Island. Casi hemos llegado a Deity Island”
Saltó un poco “¿Qué?”

“Estamos regresando al Covenant, Alex”

Acariciándose la parte de atrás de la cabeza, suspiró “¿Os envió el Covenant? ¿O fue… mi padrastro?”

No estaba seguro de cómo responder a eso. Era complicado “El Covenant”

“¿Trabajas para el Covenant ahora?”

Sorprendido porque ella me recordara de sus primeros tiempos allí, agité la cabeza. “No. Soy un centinela. Estoy de momento en “préstamo”. Tu tío nos envió a buscarte” Miré por la ventana “Las cosas han cambiado desde que te fuiste”

Hizo algunas preguntas mundanas y la observé detenidamente. Se movía constantemente. Mucho. No pasaba un momento sin moverse del sitio. Una sonrisa apareció en mis labios hasta que recordé lo que había hecho.

“Alex, siento lo de la compulsión. No quería que te hicieras daño”

Ella no me perdonó, no es que me sorprendiera. Miré al frente, aliviado de que Leon no nos estuviera observando “Y… siento lo de tu madre. Miramos en todos lados, buscándoos, pero no permanecíais mucho tiempo en un sitio. Llegamos tarde”

“Sí, llegasteis muy tarde” su voz titubeó.

Sentí una punzada en el pecho. Parte de mí quería decirle que sabía cómo se sentía, pero se suponía que no me tenía que relacionar con ella. Nunca. Buscando una manera de cambiar de tema, le hice la pregunta que me había estado reconcomiendo “¿Por qué se fue tu madre hace tres años?”

Ella me observó a través de la cortina de su cabello. Por el Hades, ¿cómo sería su rostro? “No lo sé”
No sabiendo si debería creerla, lo dejé pasar- Nadie sabía qué había hecho que su madre, una pura, hullera del Covenant. Y si lo sabían, no lo iban a decir. No volvimos a hablar, no hasta que cruzamos los puentes y Leon nos dejó enfrente de los dormitorios que se alzaban entre la arena y el mar.
Ella permanecía en silencio mientras la guiaba a través de los pasillos, y debería haber estado agradecido por ello. Pero me sentía inquieto por alguna razón “Dúchate. Volveré a por ti en un rato” Empecé a darme la vuelta, pero me paré “Encontraré algo de ropa para que te vistas y la dejaré en la mesa”

Sin esperar su respuesta, la dejé en su habitación y volví a la isla principal. Con cada paso que daba, me preparaba para lo que sin ninguna duda me encontraría cuando abriera la puerta de la que solía ser la casa de mis padres.

El olor a alcohol se superponía al del mar, y estuvo a punto de noquearme. La ira surgió de mi como una bola de fuego. Corriendo por el pasillo, ni siquiera me molesté en ir en silencio cuando miré hacia la sala de estar.

Varios adolescentes puros estaban inconscientes en varias posiciones. Algunos no quería ni verlos. Mi irritación no conocía límites mientras continuaba. Cerciorándome de que la habitación seguía cerrada, me encaminé hacia la habitación de Deacon. Abrí la puerta, golpeándola contra la pared.
Gracias a los dioses Deacon estaba solo. Si me lo encontraba una vez más medio desnudo, iba a acabar dejando que una Furia me arrancara los ojos.

Mi hermano menor estaba despatarrado sobre la cama, boca abajo, con las sábanas revueltas y una botella a su lado, derramando sólo los dioses saben qué había estado bebiendo sobre el colchón.
Sin decir adiós, golpeé uno de los postes de la cama. Fuerte.

“¿Qué?” Murmuró Deacon a la sábana “El baño está al fondo del pasillo…o fuera. Lo que sea”
“Sé dónde está el baño, idiota. Esta es mi casa”

Deacon se quedó congelado y después dejó escapar un sonoro suspiro mientras se daba la vuelta, entornando los ojos mientras me enfocaba. Sonrió – realmente me sonrió. El único rasgo que realmente compartíamos eran los ojos, pero sus ojos grises estaban confundidos “Hey, hermano, bienvenido”

Quería sacarlo de allí y tirarlo al océano. Sostenerlo hasta que Poseidon nos echara a ambos. “¿Esto es lo que has estado haciendo todo el tiempo que he estado fuera? ¿Beber? ¿Estar de fiesta?”

“No” sentándose, se balanceó hacia un lado mientras hacía una mueca “Ok. Tal vez un poco”

Dando un paso hacia delante, me incliné hasta que estuvimos al mismo nivel “¿Es así como quieres pasar toda tu vida? ¿Es esto lo que espero encontrar cada vez que me vaya?”

Echó la cabeza hacia atrás, su sonrisa insegura “No eres mi niñera, hermano. No eres mi padre. Dioses…actúas como un cincuentón. Y sólo tienes veinte. Vive un poco. Tómate algo” Me pasó la botella “Cálmate”

Golpeé la botella que salió despedida de su mano cuando lo que realmente quería era golpearle en la cabeza.

“Whoa” murmuró “No mola”

Echando mano de la paciencia que no tenía, inspiré profundamente “Sé que bebes porque echas de menos a nuestros padres. Sé que tienes algún trauma profundo y que los echas de menos. Lo entiendo, pero ésta no es la manera de afrontarlo”

Él pestañeó “¿No es la forma adecuada?”

Por los dioses, le iba a acabar haciendo daño físicamente “Acabo de recoger a una chica cuya madre fue drenada por un daimon. Quien tenía que luchar cada día para sobrevivir, Deacon. Podría haber hecho lo que tú estás haciendo. Podría haber abandonado”

“Tal vez debería haberlo hecho” Se tumbó y cerró los ojos “Es la forma más fácil”

Había tantas cosas que quería decirle, pero probablemente acabaría lamentando cada palabra en menos de una hora. O no, pero no tenía tiempo para esto. Marcus estaba esperando “Sácalos de la cada en una hora”

“¡Sí, señor!” me saludó con la mano.

Girándome, dejé la casa antes de pegarle. De vuelta en la isla de control del Covenant, dominé mi ira y volví a recoger a Alex. Kain me interceptó justo cuando estaba rodeando el patio.

“Qué piensas que van a hacer con ella? Preguntó, poniéndose a mi lado.

Buena pregunta “No tengo ni idea”

“Ha perdido mucho tiempo como para ponerse al día” se pasó una mano por el pelo rubio, agitado “La mandarán a la servidumbre. La pondrán bajo el Elixir”

Me quedé frío. Servidumbre equivalía a esclavitud, el miedo de todos los mestizos No quería darle muchas vueltas a la idea de la pequeña fiera puesta bajo el Elixir, me incomodaba. Agité la cabeza “Dudo mucho que se hayan tomado todas estas molestias para hacer eso”

“Trabajaré con ella si necesitan a alguien para que se ponga al día” propuso “Es todo lo que necesita. La recuerdo, Aiden. La chica sabe pelear. Y es rápida. Dioses, se te escapó”

Puse los ojos en blanco. No tenía ninguna duda de que Kain no me dejaría olvidarlo “Te graduaste hace apenas un año. No puedes entrenar a nadie”

“¿Entonces, qué? ¿Lo harás tú?” La curiosidad coloreó el tono de su voz “No eres conocido por tu paciencia”

Eso era cierto. Cuando el Covenant me mandaba centinelas recién salidos de la escuela,  mandaba a la mitad de vuelta por infracciones menores. Prefería ser conocido por ser así que de ser responsable de la muerte de un puñado de mestizos “Esperemos que no lleguemos a eso”

Tenía demasiado por lo que preocuparme sin añadir el entrenamiento de una mestiza a la mezcla. Dejé a Kain fuera de los dormitorios, encaminándome directamente hacia su cuarto. Golpeé una vez la puerta y entonces la abrí. Por un momento pensé que debería haber esperado un poco. La chica podría estar desnuda por lo que sabía.

Alex estaba en el medio de la pequeña sala de estar. Saltó cuando me vio, pero yo estaba más sorprendido al verla sin toda aquella suciedad cubriéndola.

La recordaba.

Pero no era la pequeña marimacho que yo recordaba de las veces que la había visto. Algunos de los rasgos eran los mismos. No había crecido mucho, pero por los dioses, ella era…

Un cabello grueso y largo de color castaño caía por debajo del pecho que había crecido en los últimos tres años. Su cara ovalada; los labios llenos como los de un puro. Los pómulos altos y las cejas delicadamente arqueadas sobre dos grandes ojos marrones. Incluso con los moratones morados que casaban con una complexión perfecta, ella era…increíble.

Preciosa.

Mi cuerpo entero se tensó cuando nuestras miradas se encontraron. Algo que la mitad de los mestizos no se atreverían a hacer, pero oh, no, ella lo hizo. Me devolvió la mirada, la misma mirada apreciativa que yo le estaba dando. Un sentimiento líquido, como si hubiera ardido en llamas, bullía en mis venas.

Un sentimiento que no debería tener.

Alex echó la cabeza hacia atrás “¿Qué?”

Salí del trance. Por el Hades, ¿en qué estaba pensando? “Nada. ¿Estás lista?”

“Supongo”

Me siguió fuera de los dormitorios, y yo era completamente consciente de sus ojos sobre mí. Miré por encima del hombro, preguntándome qué estaría pensando. Tenía esa mirada extraña, como si estuviera intentando encajar un puzzle. “¿Cuántos daimons has matado?”

“Sólo dos” cogió ritmo y se puso a caminar a mi lado.

“¿Sólo dos?” Asombrado, la miré “¿Te das cuenta de lo asombroso que es que un mestizo sin un entrenamiento completo mate a un solo daimon, no digamos a dos?”

“Supongo” Su rostro se desencajó por la ira y después se desvaneció “Hubiera matado al otro en Miami…pero yo estaba – no lo sé. No estaba pensando. Debería haber ido tras él, pero me entró el pánico”

Me paré, encarándola “Alex, el hecho de que hayas matado un daimon sin entrenamiento es algo extraordinario. Fue algo valiente, pero también estúpido”

“Bueno, gracias”

“No estás entrenada. El daimon te podría haber matado con facilidad. ¿Y el que mataste en la fábrica? Otro acto sin miedo, pero estúpido”

Se quedó congelada “Pensaba que habías dicho que fue alucinante y extraordinario”

“Lo fue, pero te podrían haber matado” Seguí caminando. ¿Alucinante? ¿Extraordinario?

“¿Por qué te iba a importar que me matasen? ¿Por qué le importa a Marcus? Ni siquiera le conozco, y si él no me deja retomar mi entrenamiento, estoy mejor muerta de todas maneras”

“Eso sería una lástima” No sabía por qué me importaba, pero lo hacía “Tienes todo el potencial del mundo”

Y supe entonces, incluso cuando sus ojos se estrecharon como si se estuviera imaginando dándome una patada en la cara, que no les dejaría ponerla en servidumbre. Mis dioses, tenía que ser el puro más estúpido vivo en la Tierra, pero sabía que esto no acabaría cuando la dejase en la oficina de su tío.

Como me había dado cuenta en el campo, una sensación de conocimiento me golpeó. Esto estaba lejos de terminar.

Ohhhh Aiden, acaba de empezar.






Traducción: Bella Carstairs
Fuente: Jennifer L. Armentrout

Escena eliminada de Obsidian: "El helado"

domingo, 13 de diciembre de 2015

Bueno, he pensado ir dejando de nuevo aquí todas las escenas extras que he ido traduciendo de los libros de JLA a lo largo de los últimos dos años en mi otro blog Saga Lux Spain. Para refrescar y para tenerlas aquí y que todas aquellas personas que aún no las hayan leído, bueno, pues lo hagan ahora.

Empiezo este recorrido por todas esas escenas con una escena eliminada Obsidian titulada

"El helado"

Podéis leerla en inglés AQUI

Daemon y yo nos miramos el uno al otro desde lados opuestos de mi porche. Bueno, yo era la que observaba fijamente y él sonreía con superioridad.

"Puedo quedarme sentado aquí toda la noche" dijo, apoyándose contra la barandilla como si realmente estuviera planeando acampar allí toda la noche. Recordé el día en que me invitó a ir a nadar. Si le provocaban, podía convertirse en alguien con tal determinación que acababa siendo molesto. "Si quieres un helado, voy contigo"

Las llaves se me clavaban en la palma de la mano "No quiero que vengas conmigo"

"No me importa" Por un segundo, me distraje con imágenes de mí, volando por el porche y pegándole con mis llaves - no en aquella hermosa cara, claro - como si fuera un ninja.

Se pasó una mano por el pelo, palmeándose la frente "La única opción que me queda es mandar a Dee a que te traiga un poco de helado"

"¡Se lo comerá todo antes de que esté de vuelta!"

Sus labios se tensaron "Eso es cierto. Entonces supongo que vas a coger ese pequeño y precioso culo" apuntó a la puerta principal de mi casa con una mano "y vas a volver dentro de la casa, donde no hay ni helado ni sirope de chocolate"

Suspiré. No era que no entendiera que no podía andar sola. Todavía había un Arum por ahí, y ya que seguía brillando como una bola de discoteca, era un blanco fácil. Pero había alcanzado mi cuota aceptable de Daemon por un día.

"O virutas del color del arcoiris" continuó malévolamente "O esas chucharillas tan chulas que te dan en esa tienda perfecta de la ciudad"

Respirando con profundidad, crucé los brazos "Estás muy equivocado"

"Oh! y en tu casa no te sirven dulcemente. Y tampoco hay conos para el helado. O helado en general"

Gruñí, luchando contra el impulso de golpearme la cabeza contra la pared de mi casa "Dios,a veces te odio"

Daemon mostró sus perfectos dientes blancos "No, no lo haces"

En vez de discutir con él, eché a andar "Vale. Vámonos"

"Por fin has entrado en razón"

Antes de que pudiera responderle o hacer algo, me quitó las llaves de la mano "¡Oye!" exclamé "¿Qué crees que estás haciendo?"

Daemon ya estaba junto a mi coche, abriendo la puerta del conductor. Odiaba cuando utilizaba su super-velocidad. Me lanzó una mirada inocente "Lo siento. No confío mi vida en tus manos cuando conduces"

Puse los ojos en blanco y me lancé hacia el lado del pasajero "Perfecto. Conduce. Lo que sea"

Se rió entre dientes y mi piel picó de irritación y...y no sabía qué más estaba pasando allí. ¿Diversión? Definitivamente. Nadie me hacía sentir como lo hacía Daemon. Un momento me provocaba, haciéndome querer estallar por su culpa, y al siguiente me hacía sentir cosas que no tenían sentido para mí.

Pero me había salvado la vida. ¿Cuántas veces ya? ¿Tres? Probablemente más si contaba al oso y cuando me defendió de otro Luxen.

Vaya, yo era un fastidio.

Y había permanecido conmigo después del baile. No porque se sintiera obligado, sino porque sabía que estaba asustada. En el fondo, Daemon podía ser un chico decente cuando quería.

Estuvimos discutiendo todo el camino hasta llegar a la ciudad: sobre la emisora de radio, el límite de velocidad, sobre si debía cambiarle los frenos al coche, y por qué debería ponerle otros neumáticos antes de que empezara a nevar. Cuando llegamos al Mom and Pop, Daemon salió primero del coche, apretando el cierre automático antes de que yo pudiera salir del coche.

"¡Argh!" Apreté el botón para abrir las puertas y la abrí con fuerza "¡Idiota!"

Lanzándome una sonrisa ladina sobre sus hombros, abrió la puerta de la tienda para mi "Las señoritas primero"

Agotada, me moví lentamente hacia delante, medio esperando que me la cerrara en la cara, pero cuando no lo hizo, murmuré "Gracias"

Su risa sofocada me provocó un estremecimiento "Suenas tan sincera" Dijo, caminando tras de mi "Entonces, ¿qué te apetece?"

Una imagen fugaz de él apretándose contra mí apareció en mi mente, su mano posada sobre la piel de mi estómago. Mi pecho ardió. Probablemente seguía pensando en aquél momento porque Daemon había estado dormido y no había abierto su molesta boca.

Daemon se inclinó hacia mi y murmuró "Helado, gatita. Estoy hablando de helado"

"Lo sé" Le empujé, pero era como tratar de mover una montaña. No se fue a ningún lado y dejé de intentarlo cuando alzó un brazo y me rodeó con él los hombros.

Me condujo a través de los pequeños reservados hasta llegar al mostrador donde había un cartel que ponía HELADOS PARA CADA ESTACIÓN. En el momento en el que vi los cubos de delicioso helado, mi estómago tembló.

Había tantas opciones. La gran parte eran de sabores típicos - calabaza, mantequilla de manzana, de nuez y muchos más. Daemon se pidió una combinación de distintos sabores que hizo estremecerse a mi estómago y yo me decidí por chocolate y vainilla. Por supuesto, la chica que nos atendió lo roció con sirope y virutas de chocolate.

Cogiendo nuestras tarrinas, nos fuimos hacia un reservado hacia el fondo y nos sentamos. Sólo había dos personas más en la tienda, y si no hubiera sido por la emisora de radio que emitía los clásicos, el silencio habría sido insoportable.

Habría sido demasiado incómodo.

Me lancé hacia mi helado, que no comía en semanas. No es que yo comiera mucho helado, pero oye, cuando tenía ganas de él, me ponía frenética. Y éste estaba perfecto. El sirope era como un lago de chocolate en mi bol.

Levantando la vista, me encontré a Daemon mirándome con los ojos caídos "¿Qué?"

Se encogió de hombros.

Sentí la sangre coloreando mis mejillas "¿Me estás observando mientras como?"

"Si" Se metió una cucharada enorme de helado en su boca.

"Eso no es raro ni nada por el estilo" Cohibida, moví la cucharilla por la mezcla de helado "¿Puedes mirar a otra persona?"

Un lado de su boca se alzó "No quiero mirar a nadie más"

Mi estúpido corazón se desbocó como si aquello fuera una declaración de amor "¿Siempre haces lo que quieres?"

Contuvo la risa "No tanto, gatita. Y además, no hay mucha gente aquí. Creo que la otra mujer tiene ochenta y cinco años. Prefiero mirarte a ti"

"Vaya, gracias"

"De nada"

Puse los ojos en blanco. El silencio se instaló entre nosotros y luché por encontrar algo que decir "¿Vienes mucho por aquí?"

No me respondió inmediatamente y aparecieron líneas de tensión en su rostro "Solíamos venir"

Me tomó un momento entender lo que quería decir y sentí cómo mi pecho se tensaba "¿Solíais?"

Su mirada se quedó vacía, como mirando al infinito "Solíamos venir cada semana aquí...con Dawson. Como para Dee, el helado era otro grupo de comida para él"

Miré hacia un lado, sintiéndolo por él y por Dee. "¿Y ya no vienes con Dee?"

"No"

Probablemente porque era muy duro para ellos, tuve el presentimiento de que Daemon evitaba cualquier cosa que le recordara a su hermano. Me pregunté por qué entonces había elegido este lugar, porque por lo que pude deducir de sus movimientos tensos, los recuerdos le hacían daño.

Me mordí el labio mientras jugaba con la cucharilla, sin hambre. No sabía lo que era perder a un hermano, pero sabía lo que era perder a alguien a quien amas. Quien quiera que dijera que el dolor disminuía con el tiempo, no tenía ni idea. Claro, la pena ya no aparecía con tanta frecuencia, pero cuando lo hacía, era como si te atravesaran el corazón con un cuchillo cada vez

"¿Gatita?"

"¿Qué?" Le miré.

Inclinándose sobre la pequeña mesa, su mano apareció velozmente y de repente me rozó el labio superior con su pulgar, con suavidad. Me quedé sin aire y noté un nudo en el estómago. ¿Qué estaba haciendo?

Nuestras miradas volvieron a encontrarse.

Me ordené a mi misma moverme o apartarle la mano, pero mi cuerpo rehusaba escuchar a mi sentido común. En vez de ello, mi cuerpo empezó a recordarme qué sintió aquella mañana en que me desperté con las manos de Daemon en mi cuerpo, la deliciosa sensación del peso de su cuerpo, una experiencia totalmente nueva, y cómo en aquél momento, nada parecía importar más que él y yo.

Daemon sonrió con suficiencia.

La sangre latía en mis mejillas. A veces me preguntaba si realmente podía leer las mentes y simplemente me había mentido sobre ello.

Sus dedos permanecieron en mi barbilla por unos largos segundos y cuando se echó hacia atrás, cogió su cuchara "Tenías helado en el labio"

"Oh"

Sus pestañas cubrieron su brillante mirada "Vale. He mentido"

Pestañeé "¿Sobre qué?"

"El helado"

Me le quedé mirando y eché la cabeza hacia un lado "¿Has mentido sobre lo del helado en mis labios?"

Daemon asintió.
"¿Por qué?" Sentí un hormigueo de placer en mi labio inferior

"¿Por qué no?"

Sacudí la cabeza "No te entiendo, no tiene sentido"

"Sí tiene sentido" Dejó su cucharilla en el bol vacío y se recostó sobre el respaldo del asiento. De sonreír con suficiencia, pasó a tener el entrecejo fruncido, haciendo que aparecieran arrugas entre sus cejas "Tienes los labios suaves"

"Yo..." No tenía ni idea de qué decir. Por cómo lo dijo no sonaba como un cumplido, como si fuera mi culpa tener los labios suaves. "¿Qué? ¿preferirías que los tuviera agrietados y ásperos?"

"Sí"

"Vale, lo que tú digas" Dejé mi bol a medio terminar. Mi labio aún hormigueaba "Estoy lista para volver a casa"

Esas ridículas, pero envidiables pestañas se abrieron y me vi atrapada en la intensidad de sus luminosos ojos. El aire se escapó de entre mis labios entreabiertos como a una de esas chicas estúpidas que aparecen en las películas.

¿A quién pretendía engañar? Daemon conseguía convertir a cualquier persona del sexo opuesto en una de esas chicas estúpidas. Yyyyyy mi maldito labio seguía hormigueando.

Daemon abrió la boca, pero entonces volvió a cerrarla. Un músculo de su mandíbula palpitó "Vamos"

No tenía ni idea del por qué de su cambio brusco de humor, por lo que fui a deshacerme de mi tarrina, pero Daemon se interpuso y cogió nuestros envases. Después le seguí fuera, pensando que iba a ser un viaje de vuelta realmente extraño.

Como de costumbre, me dirigí al lado del conductor, pero recordé que Daemon me había quitado las llaves y aparentemente pensaba que yo era la muerte segura tras el volante.

Pero Daemon se paró y se dio la vuelta "¿Qué estás...?"

Me pilló tan desprevenida, que reboté sobre el increíblemente duro pecho de Daemon y me tambaleé hacia atrás.Su brazo apareció rápidamente y me tomó de la cintura. Mis manos volaron hacia arriba y se posaron en su pecho, para estabilizarme. Sintiéndome como una idiota, alcé la mirada hacia la suya. Y todo se congeló.

O al menos, nosotros lo hicimos. Creo que Daemon ni respiraba. Estábamos tan cerca que nuestros cuerpos se tocaban casi al completo, como aquella mañana. Una sensación de calidez fluyó desde mi cabeza hasta la punta de mis pies.

Su mano se deslizó de mi cadera, hacia mi espalda y se paró justo al borde de mi cabello, provocando una sensación de zumbido por todo el camino. Cuando bajó su cabeza y sus labios rozaron mi oreja, casi perdí la capacidad de respirar

"Tienes que tener más cuidado, gatita"

Yo asentí, ida.

Daemon no me soltó. Su mano se agarró a la parte de atrás de mi camiseta, cogiendo partes de mi cabello. Un estremecimiento le recorrió - ¿o tal vez me recorrió a mi? No lo sabía. La anticipación y un deseo muy agudo complicaba las cosas. Su barbilla me rozó la mejilla y por un momento pensé...No sé qué pensé. Y no importaba, porque él me soltó y me rodeó. Sentí como si él siguiera allí, con su brazo a mi alrededor y sus labios peligrosamente cerca. Era una sensación que sabía que perduraría, como los sentimientos confusos que me atravesaban cada vez que estábamos cerca el uno del otro.

Ainssss

Me encanta Daemon





Traducción: Bella Carstairs
Fuente: Jennifer L. Armentrout