Escena extra de Roth. The Dark Elements

jueves, 11 de febrero de 2016

Buenooooooooooo...me ha llevado toda la tarde, pero aquí os la dejo. Una nueva escena extra que podéis leer en inglés AQUI y que os dejo traducida, para todas las fans de Roth.
♥♥♥
Di un paso atrás y miré hacia el bar, esperando encontrar a Layla sentada allí, tan incómoda como un ángel cenando en el Infierno. Con su pelo rubio platino y sus enormes e inocentes ojos, era lo que parecía. Pero no estaba allí.

“¿Qué demonios?” frené, mirando la pista a mi alrededor.

Cayman levantó la vista tras la barra “Está… bailando.”

Mi cuerpo se tensó. “¿Qué? Se suponía que ibas a vigilarla.”

“La vigilé. Pero no dijiste nada de detenerla.”

Oh, por el amor de todo lo profano de este mundo y más allá. Le eché una mirada envenenada que prometía venganza y me hice camino a través de la atestada pista de baile, oteando los más oscuros reservados del club. Pasaron unos cuantos segundos antes de que la encontrara.

Lo que vi me dejó paralizado.

Para el mundo de fuera, parecería como si Layla estuviera representando la fantasía de un adolescente. Se había alzado sobre la punta de sus pies, su cabeza inclinada de tal manera que parecía como si estuviera besando. La cabeza de otra mujer estaba más baja, sus bocas demasiado cerca.

Layla se estaba alimentando.

Una mezcla extraña de emociones se arremolinó en mi interior. Mi parte demonio, mi verdadera naturaleza, lo aprobaba. Estaba dentro de mí, sonriendo de oreja a oreja. Estaba emocionado y sí, un poco excitado. Pero la otra parte – una parte que no terminaba de reconocer, sentía miedo. Si Layla se alimentaba y los otros Wardens lo descubrían, todo se habría acabado para ella.

Aun así, había una parte de mí que quería que ella se rindiera a su parte demonio, que quería que ella fuera mala y que lo disfrutase. Las comisuras de mis labios se alzaron.

Entonces vi al íncubo.

El hombre estaba detrás de ella, sus manos sujetando sus brazos, y el gesto que tenía su rostro fulminó cualquier tipo de aprobación que estaba hirviendo en mis tripas. La estaba tocando, y eso no me gustaba. La ira fue como una ola de fuego.

No había una sola parte de mí que no se diera cuenta que el hecho de que fuera a detener aquello tenía que ver con el íncubo y no con lo que Layla estaba haciendo.

Acortando la distancia, agarré a la mujer por el hombro y la aparté de Layla, rompiendo la conexión. Un rápido vistazo me dijo que el alma de la mujer estaba…prácticamente intacta.

La cogí por la barbilla y la obligué a encontrar mi mirada. En el momento en que la mujer lo hizo no pudo mirar a otro lado, y lo que dije no podía ser deshecho. “No recordarás nada de eso” dijo “Abandona este lugar. Ve a casa y no vuelvas nunca. ¿Me has entendido?”

La mujer se tambaleó hacia un lado cuando la solté, y sin mirar atrás se mezcló entre la densa multitud que nos rodeaba.

Una risita como de huesos secos escapó del súcubo. “Acabas con toda la diversión. Ella no dijo que te perteneciera.”

Mi mirada osciló hacia Layla. “Ella no os pertenece a ninguno de los dos.”

Layla suspiró como un gatito después de que le acaricien la barriguita. Era extrañamente adorable. “¿Dónde has estado todo este tiempo? Han pasado horas y horas.”

Exasperado con el giro de los acontecimientos, apenas pude gritar “Sólo me he ausentado diez minutos” dije, y cuando Layla puso un mohín – realmente lo hizo – me llevé la mano al pelo “Mierda, Layla… ¿No te dije que te quedaras quieta? ¿Que no bailases?”

Se rió, pero su risa fue como un carillón. “Ellos me obligaron.”

“La invitamos” corrigió la súcubo. “No la obligamos a hacer nada. Sabemos cuáles son las reglas.”
“Ella sólo quería probar” añadió el íncubo. “No le hicimos daño. ¿Lo hicimos, amada hermanita?” Se acercó, tocando el brazo de Layla.

Oh, Infiernos, no.

Saltando hacia delante, le agarré por la garganta y le alcé del suelo. Clavé mis dedos, justo en el lugar preciso “¿Qué acabas de llamarla?”

Escuché el siseo de la mujer y sonreí fríamente a los ojos del hombre. “Da un paso hacia mí, y le rompo el cuello a tu hermano. No la vuelvas a tocar nunca.” Presioné un poco más, señalando mi punto. “No sois bienvenidos aquí de ahora en adelante.”

“No nos puedes desterrar.” Exclamó la hermana. “No eres un Rey.”

Casi me reí cuando solté al hombre y encaré a la mujer. “Tal vez no lo sea, pero puedo arrancarte el corazón y dárselo de comer a los Hellions. ¿Qué tal te suena eso? ¿Te apetece unirte a esa fiesta?”
La mujer dio un paso atrás, tomando a su hermano del brazo. Sabían que me estaba tirando un farol. Mientras se largaban, me di la vuelta hacia Layla. Ella vagó hacia la elevada plataforma.

Oh, Señor.

Fui hacia ella y la rodeé por la cintura con el brazo, parándola antes de que se subiera y empezara a quitarse la ropa. Aunque pensándolo mejor…

Suspiré. Malo Roth. “¿Dónde vas, pequeña?”

Se apoyó sobre mí, y mi corazón hizo algo divertido en mi pecho “No lo sé. Me siento…realmente bien.”

“Lo haces.” Dije. Dios, se sentía genial contra mí, confiada, suave y cálida. Pero estaba borracha, muy borracha. “Casi matas a esa chica, pequeña. No debería haberte dejado sola.”

Sus hombros se alzaron cuando osciló una mano frente a su rostro. Alcé una ceja. “¿Qué estás haciendo?”

Se contoneó hasta que se puso enfrente de mí. “Creo que puedo ver mi alma.”

“¿Puedes?” pregunté “¿Puedes ver la de alguien más ahora?”

“No, pero la mía es blanca” Me sonrió, y fue una sonrisa hermosa. “Eso significa que mi alma es pura.”

No pude evitarlo. Mis labios se alzaron por las comisuras. “Los demonios no pueden tener almas puras.”

Layla me estudió por un momento y entonces puso su rostro sobre mi pecho. “Entonces no puedo ser como tú.”

“Oh, wow, estás por las nubes” necesitaba sacarla de allí rápido, antes de que se metiera en más problemas. La levanté, en caso de que decidiera iniciar una carrera salvaje. “Arriba”

Echó la cabeza hacia atrás, riendo con fuerza “¿Qué estás haciendo?”

“Llevándote a algún lugar donde no te metas en más problemas” Atravesé la multitud mientras ella decía algo sobre gente andando por el techo. La coloqué mejor, y respondí a sus preguntas mientras la subía por las escaleras hacia mi loft. Me imaginé que al menos allí no podría absorber el alma de nadie.

No había ni una pequeña pedazo de mí que no estuviera realmente divertido por el modo en que pataleaba con sus pies y seguía parloteando. La seguía observando, dándome cuenta de que no la había visto nunca tan relajada y feliz. Era una auténtica lástima que tuviera que absorber un alma para verla así.

Cuando llegué al pasillo que llevaba hasta mi loft, ella chilló y se puso a dar palmas, su mirada fija en los demonios guardianes que custodiaban la puerta. “¡Quiero acariciarlos! ¡Son tan pequeñitos!”

Suspiré. Ahora mismo, aparentaban ser perros miniatura “Me han dicho que el tamaño no importa.”

“Alguien te ha mentido.” Replicó ella.

“Ah, puede ser.” Con cuidado la puse de pie, pero mantuve un brazo sosteniéndola. “Pero ten en cuenta que las apariencias engañan.”

Ella sonrió “Podría llevarlo en un bolso, como… como en uno de esos bolsos caros.”

Ambos guardianes se habían alzado y se estaban levantando, sus orejas echadas hacia atrás y gruñendo. La verdad es que resultaban ridículos. “Me parece que no les gusta cómo suena eso.”

Layla se carcajeó. “¿Y qué van a hacer? ¿morderme los tobillos?”

La puse contra mi costado, incapaz de ignorar el modo en que ella parecía encajar perfectamente debajo de mi brazo. Noté el momento exacto en que ella también se dio cuenta, y cerré con fuerza la mandíbula. Se giró hacia los lados, sus pálidos ojos azules confusos mientras ponía sus manos sobre mi pecho. Mi corazón saltó.

A mis perros no les gustó nada eso.

Uno chilló y el otro soltó un rugido como los de Godzilla. Layla miró alrededor cuando los guardianes revelaron su verdadera forma. Eran enormes, tan grandes como osos, con colmillos escarpados.

“Puta mierda” susurró Layla.

“Sentaros” ordené, poniéndome delante de Layla. “Vos mos non vulnero suus!

Inmediatamente retrocedieron y se sentaron. Los perros eran un poco aterradores, pero eran listos y leales.

Miré por encima del hombro a Layla, sonriendo con suficiencia. “Tienes razón. El tamaño importa. No te harán daño. Vamos.” Le ofrecí mi mano.

Su pequeña mano encajó con la mía y la hice pasar a través de la puerta. Bluebelle, el más tonto de los dos perros, se puso patas arriba. Me arrodillé, acariciando su barriga. “Eres un buen chico ¿Quién es un buen chico?”

“¿Cómo se llaman?” preguntó ella.

“Éste es Bluebelle y aquél de ahí,” señalé al que había estado olisqueando su pierna. “Es Flor”

Arrugó la nariz “¿Qué es lo que te pasa con la película Bambi?”

Me levanté. “Es un clásico Americano.”

Cerró sus ojos y sonrió con ganas. “Eres ridículo.”

Mi mirada vagó por su rostro relajado y caminé hacia delante, levantando mis manos para tomarla de las mejillas. El deseo de tocarla, de juntas nuestras bocas me golpeó en las tripas. Con un gran esfuerzo, bajé mi mano de nuevo para sostener la suya y le di un ligero apretón. “Abre los ojos, pequeña.”

Sus espesas pestañas se alzaron. “¿Por qué?”

“Necesitas ver por dónde vas.” La hice pasar a la estancia, encendiendo las luces mientras cerraba la puerta detrás de nosotros.

Layla se alejó flotando de mí, quitándose los zapatos y después los calcetines. Levanté las cejas al verlo. Mona. Demonios. Era mono, el modo en que sus movía sus dedos en la alfombra.

“Creo que estoy hambrienta.” Anunció.

Yo también lo estaba, pero no de comida. “Haré que nos traigan comida.” Mi voz sonaba áspera cuando me alejé, quitándome la camiseta y tirándola a un lado. “Tengo un poco de todo. Hamburguesas. Patatas fritas. Chicken tenders…” Cuando me di cuenta de que Layla se había quedado donde estaba, me paré. Un cálido temblor danzó por mi piel. El modo en que me miraba se coló dentro de mí. El hambre que sentía estaba en su mirada.

Sonreí . “¿Ves algo que te guste?”

Sin darme cuenta de lo que estaba haciendo, acabé a unos pocos pasos de donde estaba ella. Me cosquilleaba la piel ante la posibilidad del contacto. “Lo siento. No soporto el olor del humo. ¿Te molesta?”

Sacudió su cabeza. “No.”

“¿Entonces no te importaría cambiarte?” Sabía que no debía, pero ¿Cuándo no había hecho yo lo que deseara? Rodeé los cordones que colgaban del cuello de su sudadera con los dedos. “Apesta a Sucky e Inky”

Era verdad. Bueno, más o menos. Simplemente quería que se la quitara.

Lo que estaba haciendo era peligroso y estúpido, y lo sabía, pero le bajé la cremallera. El dorso de mi mano rozó la piel de debajo de su garganta y sus pechos se alzaron cuando respiró profundamente. Dejé que la sudadera cayera al suelo.

Y entonces me embebí de las vistas.

Layla llevaba puesto alguna clase de camiseta de tirantes que se ceñía a cada curva y cada valle. Si antes pensaba que tenía hambre, ahora estaba famélico – famélico de ella. Algunas veces ni siquiera yo sabía por qué me afectaba tanto. Podría haber tenido a quien quisiera y no habría ataduras, sin preocupaciones. Pero con Layla… había de todo.

“Precioso” llevé mi dedo sobre el extremo del lazo. “¿Cómo se llama?”

Sabía perfectamente cómo se llamaba.

“Es una… camisola” hizo una pausa. “¿Roth?”

Llevé mi mirada hacia la suya. Pasó una eternidad. “¿Layla?”

Abrió su boca, pero entonces se sobresaltó y miró hacia abajo. Nitro estaba a sus pies y, distraída, se inclinó hacia él, parando segundos antes de cogerlo. “No. Te recuerdo. Gatito malo.”

El pelaje blanco se erizó en el lomo de Nitro. Siseó y voló debajo de la cama. “Veo que has aprendido de tus errores, pero creo que has ofendido a Nitro.”

“Esos gatitos tienen la rabia.” Se levantó y se tambaleó hacia un lado.

La sostuve poniendo una mano en su hombro. Me preocupé. “¿Estás bien?”

“Sí… estoy bien. Esto me sucede después de…” Dejó la frase en el aire, mirando hacia la cama.

“¿Después de alimentarte?” terminé por ella. Su mirada volvió hacia mí, y se estremeció, pero no en el buen sentido. “No tomaste su alma, pequeña.”

Su labio inferior tembló. “Ella estaba bien, ¿Verdad?”

“Sí.”

“Y si ella estaba allí abajo significa que era mala, ¿Verdad?”

De alguna manera estaba más cerca, mis labios cerca de su mejilla. “Sí.”

“No quiero pensar en esto.”

“No tienes que hacerlo. ¿Quieres sentarte?” le ofrecí.

Layla se apartó de mí, prácticamente lanzándose sobre la cama. Inmediatamente se hizo una bola y yo me ocupé de la comida, riéndome cuando se tumbó de espaldas y se puso a cantar.

“Llévame abajo, a Paradise City donde la hierba es lo que sea…y los chicos son guapos…”

Sacudiendo la cabeza, me recliné sobre la pared mientras esperaba y simplemente…simplemente la observé. La versión de Layla de Paradise City era un auténtico desastre, pero Demonios, en esos momentos, sentí… bueno, no me sentí como el Príncipe Asharoth. No estaba seguro de cómo me sentía.

Cuando apareció Cayman con la comida, me dirigió una mirada. Le dediqué rápidamente mi dedo medio y entonces le arrebaté la comida.

“Lo que tú digas.” Murmuró, girándose “Es su funeral.”

Las palabras me congelaron mientras llevaba la bandeja a la cama.

Layla se sentó, ceñuda. “¿Me he quedado dormida? Me ha dado la sensación de que habían pasado segundos desde que cerré los ojos.”

Reí y puse la bandeja entre los dos. “No. Estabas sentada ahí cantando.”

“¿Lo estaba?”

“Sip. Paradise City” sonreí “Creo que te estoy influenciando.”

Layla me sonrió a su vez, y fue como si estuviéramos compartiendo alguna clase de gran secreto. Una vez quité las tapas, devoramos la comida y mientras limpiaba, Layla se recostó y se palmeó el estómago. “Mi tripa está feliz.”

“Apuesto a que sí.” Me lavé las manos y volví a la cama. Tenía los ojos cerrados de nuevo, sus sonrosados labios entreabiertos. Me senté a su lado y apoyé una mano sobre su hombro. “¿Cómo te encuentras?” pregunté, porque sabía que solía encontrarse mal cuando se alimentaba. Aún podía pasar.

Me recompensó con una enorme sonrisa. “Bien. Genial. Feliz. Puede que un poco cansada, pero me siento como si…”

“Lo capto” me reí. Maldita sea, deseaba… deseaba que fuera así cuando… Nada de eso importaba. Nunca más. Incliné la cabeza y cogí mechones de su pálido cabello, extendiéndolos sobre la almohada. Me gustaba cómo se veían así. “Desearía que te sintieras después así.” Dije, más para mí mismo “Pero no lo harás.”

Mi mirada recorrió toda la extensión de su largo cabello. “Vas a odiarte después, incluso aunque no le hayas hecho daño a esa mujer. Para ella, será como tener una increíble resaca después de una mala noche de fiesta. Y no echará en falta la pequeña parte de su alma que ha perdido. No es como si echase en falta todas las partes de su alma que voluntariamente entregó con cada atroz pecado que ha cometido.” Una fuerza invisible se asentó sobre mis hombros mientras la observaba. Tenía nombre. Culpa. Qué mierda de sentimiento, me percaté. “No pretendía que te pasara esto cuando te traje aquí. Sucky e Inky deberían haberse mantenido alejados de ti. Me debería haber asegurado de ello.”

Respiré profundamente. “Sólo quería que vieras cómo la otra mitad vive. No esos bastardos. Ellos son malas noticias, pero no… no todos somos como ellos. Quería que lo vieras. Quería que vieras que lo que hay dentro de ti…” bajé la mano, tocando con la punta de mi dedo el centro de su estómago. “No es mala, no importa lo que ese líder gilipollas de tu clan diga o cómo te haga sentir.”

“Lo mismo digo.” Replicó de inmediato.

“¿Qué significa eso?”

Alzó su mano y me golpeó con su dedo en el pecho. “No eres tan malo como crees que eres. Eres capaz de actos de gran bondad.”

Resoplé. “Estás borracha.”

“No lo estoy.” Su golpeteo se convirtió en un empujón. “Has hecho cosas que muchos humanos con alma no harían. Tú…”

La cogí de la muñeca, apartando su mano. “Todo lo que he hecho ha sido por razones meramente egoístas. Confía en mí.” No tenía ni idea. Como ahora. Podría haberla llevado a casa. Podría haber llamado a Zayne. Pero la subí aquí, con la excusa de mantenerla a salvo, pero era egoísta. Incluso Cayman lo había visto.

Con un estallido de fuerza, tiró de mi brazo, empujándome hacia abajo y tuve que agarrarme antes de caer sobre ella. Estábamos muy cerca, y una pequeña sonrisa cruzó mis labios cuando la cabeza de Bambi apareció en su hombro. Echaba de menos a esa maldita serpiente, pero me gustaba la idea de que una parte de mí fuera parte de ella ahora. Alcé la mirada a la suya.

“Bésame” dijo.

Que me hubieran golpeado en la cara habría sido más fácil de manejar. Me tensé ante la inmediata respuesta de mi cuerpo. “Layla…”

Tiró de mi brazo de nuevo, y la dejé – la dejé acercarme, tan cerca que cuando dijo esa palabra de nuevo, nuestros labios prácticamente se tocaban. “Bésame.”

Cerré los ojos. “No tienes ni idea de lo que estás pidiendo.”

“Sí lo sé”

Necesitaba poner algo de espacio entre nosotros. No podría resistirlo más. Yo no era bueno. No era ni siquiera humano. Iba en contra de mi naturaleza. Podría funcionar por poco tiempo. “No lo sabes. Eres realmente…”

Layla me dio la vuelta – realmente lo hizo. Estaba tan alucinado cuando caí sobre mi espalda, la cama saltando debajo de mí por la fuerza. Antes de que pudiera parpadear, pasó una pierna por encima de mi cadera y me atrapó, con sus manos presionando mi pecho.

Su peso y dónde decidió sentarse envió un ramalazo de puro deseo a través de mis venas. Abrió un agujero en mi pecho, presionó mi corazón y me robó el aire. La tomé de las caderas, la alcé y acabé sosteniéndola así.

“Dios.” Eché la cabeza hacia atrás. “Me gustas, me gustas mucho así.”

“Entonces, ¿cuál es el problema?”

Layla movió las caderas mientras recorría con sus dedos mi estómago desnudo, y solté un gemido. ¿Qué problema había? Hice más fuerza. “No puedo pensar en ninguno ahora mismo.”

“Bien.” Bajó la cabeza.

El sentido común regresó en ese momento. La cogí de las muñecas, usando sus brazos para sostenerla. Las palabras dolían “Esto… esto no va a pasar, nena.”

Intentó acercarse más, pero la mantuve a distancia. Parte del aturdimiento desapareció de su expresión. “¿No me… no me deseas?”

No podía más.

Girando las tornas, la tumbé de espaldas y la seguí, estirando sus brazos por encima de su cabeza. “¿Que no te deseo?” presioné la parte inferior de mi cuerpo entre sus piernas, mostrándola y haciéndola sentir lo que deseaba. “Creo que conoces la respuesta a eso”

Sus mejillas se sonrojaron.

Este… este había sido un mal movimiento. Enredó una de sus piernas alrededor de la mía, y eso nos puso más cerca. Explotaron chispas por toda mi piel y volví a gemir. Ella iba a ser mi destrucción total.

Pero sería una muerte a la que me lanzaría yo mismo.

“Te deseo tanto que es un hambre que me carcome constantemente. No desaparece.” Bajé mi cabeza hasta su cuello, inhalando con fuerza. “No tienes ni puta idea.”

“Entonces haz algo al respecto.” Susurró.

Alcé la cabeza y mi pecho subió y bajó rápidamente. “Layla… por favor…” No sabía qué estaba rogándole que hiciera. ¿Parar? ¿Actuar?

Layla actuó.

Se estiró y sus labios rozaron los míos. Eso fue todo. Una suave caricia, y mi control estalló como una goma que se estira demasiado. Mi boca estaba sobre la suya antes del siguiente latido y la besé como había estado muriendo por hacer desde el momento en que salí de aquél agujero del infierno.
La besé. La saboreé y ella me saboreó a mí mientras deslizaba mi mano por su brazo y después por su costado. Mis dedos encontraron su camino por debajo del borde de su camisola. La sensación de su piel desnuda fue como el lametazo de unas llamas. Se movió debajo de mí, con ambas piernas rodeándome mientras alzaba las caderas. La sensación me golpeó. No tenía sentido y estaba lleno de placer y anticipación, pero maldita sea, corrió profundamente mientras movíamos nuestros cuerpos sobre la cama, mientras nuestras respiraciones se entrecortaban y nuestros corazones tronaban.

“Te sientes tan bien” la dije, besándola de nuevo. “Sabes demasiado bien para ser verdad.”

Hizo fuerza contra el agarre de sus muñecas, y yo sabía que quería tocarme, y yo quería tocarla mucho más. Quería quitar todo lo que nos separaba. Quería tenerla cerca y mantenerla…

Es su funeral.

Las palabras de Cayman fueron como si me hubieran derramado un cubo lleno de hielo por encima. ¿Qué demonios estaba haciendo? Layla estaba borracha. Sin mencionar el hecho de que tenía literalmente su vida en mis manos.

Me aparté de ella, rompiendo la sujeción de sus piernas.

“Roth…” se levantó, sin tener ni idea de la tentación que suponía.

“No.” Mi mano tembló cuando la levanté. “Dios, no puedo creer que esté diciendo esto, pero no te acerques más. No te muevas.”

Me levanté y me aparté de la cama, pasándome las manos por el pelo. ¿Qué estaba haciendo? Era un demonio. Hacía lo que quería y Layla… ella me deseaba, borracha o no, estaba hambrienta de mí tanto como yo me moría por ella. Bajando los brazos, miré por encima del hombro. Su camisola se había levantado por encima de su sujetador. Se notaba que la habían besado y que quería mucho más.
Incluso aunque una parte profunda de mí clamaba por salir y tomar el control, me giré y fui al baño, cerrando la puerta de un portazo tras de mí. Mis piernas no pudieron más y me caí de culo en el suelo, con mi espalda presionando la fría puerta.

Con los ojos cerrados, la cabeza me colgaba de los hombros, mis brazos sin fuerza sobre mis rodillas. La mayor parte de los días ya no sabía lo que era o quién era, pero sabía una cosa. Como… como Zayne, haría cualquier cosa para protegerla. Ya lo había hecho.

Había renunciado a ella… y no podía olvidarlo, no importaba cuánto me matase hacerlo.

¿Qué os ha parecido?
Enamorada me tiene Roth 
♥♥♥

*perdonad los más que probables errores de traducción. Lo hago lo mejor que puedo...jejeje*




Traducción: Bella Carstairs
Fuente: Jennifer L. Armentrout.


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